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“La escritura fue como sacar la angustia del cuerpo y ponerla en papel”

  • Foto del escritor: glossacultura
    glossacultura
  • hace 12 horas
  • 5 Min. de lectura

Analía Cobas vive, siente, reflexiona y escribe. Su primer libro, La protagonista, contiene los textos que quiere dejarle a la humanidad. Desde ese deseo por que algo en el mundo se mueva para que el presente sea más vivible, produce párrafos que incomodan. “Lo que escribo tiene que ver con mi crítica social y con lo que verdaderamente quiero cambiar”, dice la autora de “La protagonista”. 

El libro es, también, una propuesta a ver más allá de lo humano y pensar qué lugar ocupamos en el planeta. “Porque vivimos en un presente en el que arman una guerra contra los carpinchos cuando en realidad la tierra es de ellos, los animales. Los que estamos queriendo ocupar todo somos nosotros”, dice Analía y se niega a mirar para otro lado ante situaciones violentas.



“Mientras dormía todo moría

Mientras dormía nada pude hacer.

Moría mi mañana junto al de aquellos y aquellas que no quisieron ver.

No es fácil observar cómo, gracias al silencioso desprecio del ahora, todo nada será”.

(Fragmento de “Humo”)


Analía, además, es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y docente de la UBA, institución desde la cual denuncian desde hace un año que el desfinanciamiento es crítico. El 27 de marzo de 2026 autoridades de las instituciones universitarias públicas argentinas reunidas en el 95° Plenario de Rectoras y Rectores del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) manifestaron su preocupación por el momento que atraviesa el sistema universitario público. Desde el CIN informaron que en lo que respecta a los salarios, el deterioro es especialmente relevante. “Entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, los salarios acumulan un incremento del 158%, mientras que la inflación acumulada en el mismo período alcanza el 280%. Esto implica una pérdida de poder adquisitivo del orden del 32%”, explicaron. 

El 31 de marzo de 2026 la justicia determinó que el Gobierno debe aplicar la Ley de Financiamiento de la Educación Universitaria y Recomposición del Salario Docente. Esta ley fue aprobada y publicada en el Boletín Oficial el 2 de octubre de 2025, pero el Poder Ejecutivo la vetó con el argumento de que su aplicación comprometía el equilibrio fiscal. Al momento de redactar esta nota, estamos a la espera de que los salarios se adecúen a la realidad. 

En medio de todo esto, “Por suerte —dice Analía— la docencia es un trabajo muy gratificante”. La gente que fue su alumna la recuerda, la saluda por la calle. Además, agrega la docente, trabajar en la universidad pública es un orgullo por lo que representa: la posibilidad de ascenso social. “Soy hija de galletitero y de rotisera. No tenía forma de pagar por la educación y la UBA me dio la posibilidad de un futuro digno. Pero es complejo, porque un docente debe recibir el salario que corresponde y no sucede. Eso es lo que vivo y desde ahí escribo”, afirma Analía.   


Mei: ¿Cómo trabajás la separación y unión entre el “yo” que escribe y el “yo” que vive?


Analía: Este libro en particular contiene relatos que, en su mayoría, se relacionan con situaciones reales. “Carlos Gardel”, por ejemplo, es un momento que viví. Vi a una niña que estaba siendo violentada en el subte, a la vista de todos. Sentí impotencia. Y en ese momento no hice nada. Pero, después, escribí. La escritura fue sacar la angustia del cuerpo y ponerla en papel. 

Y lo que hago es dejar que el texto fluya. Escribo sin culpa. No me juzgo. Tomo distancia. La historia ya está escrita cuando me siento a trabajar, solo debo sacarla del cuerpo. Los personajes me nacen de las emociones y eso pasa en lugares y situaciones diversas. Hay un relato de la segunda parte de La Protagonista, que espero que salga pronto, que se me ocurrió mientras manejaba, mirando por la ventana. O un poema, de otro libro que también está en proceso, que lo pensé mientras nadaba. 


M: Tu escritura transmite sentimientos diversos y potentes, ¿cómo trabajás eso al momento de la escritura?


A: Algunos textos los escribí con furia, con ganas de romper todo. Sobre todo “Desayuno saludable”, que habla de esta chica que tiene un hijo con un ser que decide arruinarle la vida. Otros los escribí llorando a mares, atravesada por el dolor. Sé que es fuerte lo que escribo. Me propuse hacer un libro para cambiar el mundo. Mis escritos parten desde un interrogante: ¿Qué voy a hacer como madre o como tía con todas estas cosas que no están buenas? Por el momento: poner en palabras. 

Además, muchos de los textos los escribí de noche, maternando sola. Porque, además, en este planeta no es sencillo ser mujeres. Nada es fácil ni nos es regalado. Muchas veces tenemos que explicar por qué ocupamos los lugares que ocupamos y debemos justificar nuestros deseos. Eso también está de alguna manera en el libro. Mi escritura es una revancha. Porque lleva tanto trabajo, tanta vida escribir un libro. 


M: ¿Poner en palabras se relaciona con el ser protagonista?


A: Sin ir a la teoría conspirativa de manifestar e intencionar, el poner en palabras es importante porque permite que digamos: “Esto no lo quiero más”. Nos posicionamos. Nos hacemos cargo de nuestras vidas y nuestros deseos.  

Eso, también, nos permite ser lo que queremos ser. 

Estamos en un momento en el que la gente se siente mal por ver en Instagram a otras personas siendo aparentemente felices. Aparece la tristeza por creer que no se está a la altura de algo que supuestamente tenemos que alcanzar. Así, hay muchas personas que pierden su deseo por cumplir expectativas que no son propias. Y nada más frustrante que ser alguien que no querés ser. Porque todos los días te despertás en ese lugar: estando con personas que no querés estar, compartiendo proyectos que no elegirías. Entonces la búsqueda por poner en palabras te expone y te enfrenta a tu propio espejo, a la pregunta: “¿Qué voy a hacer con esto?”. 


M: ¿Cómo se relaciona la escritura con la memoria?


A: La escritura es un ejercicio de hacer memoria. Porque cuando escribís, eternizás. Y esa memoria se comparte. Sacás el texto del cuerpo y ya no es más tuyo. Toma otros cuerpos, otras casas, otras dimensiones. 


M: Pienso en la memoria y lo relaciono con el texto “¿Dónde está Eduardo?”


A: En ese texto, un 26 de marzo de 1976, durante la dictadura, un nieto ayuda a su abuela a reparar un desperfecto en el calefón y lo chupan, se lo llevan. Después lo devuelven. Entonces aparecen los interrogantes: ¿qué pasó y qué pasa con esas personas que fueron devueltas, dejadas cerca de sus casas para que expandan el discurso de lo que vivieron? ¿Qué sintieron? ¿Cómo lo vivieron?


M: En este momento de tanta negación, en especial por parte de aquellas personas que tienen más poder, ¿por qué es importante que desde el arte se cuenten estas historias?


A: El arte siempre es disruptivo, viene a romper con ciertas cosas que a algunos con más poder no les convienen. La historia del arte siempre fue de alguna manera enfrentarse a contextos adversos y seguir haciendo arte. El arte también es comunicación. La palabra es arte. Y siempre escribimos para el otro porque somos seres sociales. 

Hace un tiempo conocí a Marta Minujin y algo que aprendí de ella es que el arte no es para explicar, el arte es para dejarse atravesar. Por eso cuando la gente dice que no entiende la poesía, digo: “no la tenés que entender. Yo te leo y fijate qué te pasa con eso”. Porque no es cuestión de hacer análisis sintáctico. Es cuestión de sentir. Lo que pasa es que tenemos miedo a lo libre, a que no haya estructuras o que las estructuras sean diferentes a las que conocemos.   


Por: Mei Kisz

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