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Hay ceremonias en la tormenta

  • Foto del escritor: glossacultura
    glossacultura
  • 21 jun
  • 3 min de lectura

¿Qué decir que no se haya dicho? Más aún, ¿qué decirle a las personas que ya lo sintieron, que estuvieron? ¿Les interesa, acaso, saber de aquella vez que fui a Tandil y entramos corriendo porque no podíamos pagar la entrada pero queríamos estar ahí? Propongo otra cosa, hablemos de la despedida:


1) Suelo pensar en el vacío como la posibilidad de todo. Pero ¿a quién engañaría? Yo, que seguí a Los Piojos a todos lados y que desde aquél 30 de mayo de 2009 convivo con el duelo de la separación. En situaciones así ese vacío-potencia de todo se vuelve tormenta y turbulencia. O, tal vez, en realidad no sea vacío sino orfandad y desconcierto. Tal vez sea pregunta: ¿y ahora? ¿Qué?  ¿para qué? Y, sobre todo, ¿cómo?


2) El mismo día de la muerte se puso en evidencia la necesidad inmediata de aunar los cuerpos. La convocatoria más masiva fue en Plaza de Mayo, pero también las hubo en diversos barrios y pueblos. Las personas se juntaron y, de forma espontánea, empezaron a cantar canciones del Indio. Apareció el pogo como abrazo colectivo, como lugar de unión, fuerza y calor. Un espacio para compartir. Se hacía posible vislumbrar en ese acto lo performático de los cuerpos que se juntan. Judith Butler habla de esto: cuerpos de personas que no se conocen y que se vuelven grupo para manifestar su existencia a base de ocupar el espacio y persistir. Butler propone pensar esto como un movimiento opuesto a la moralidad individualizadora. “La aparición, el quedarse parado, la respiración, el movimiento, el detenerse, el habla y el silencio son todos elementos que forman parte de una asamblea imprevista, una forma inesperada de la performatividad política que sitúa la vida vivible en el primer plano de la política”. Los cuerpos que se juntan dicen algo.  

Ese 5 de junio, en Capital, apareció, también, la represión estatal. Lo cual no es menor para un público que no olvida a Walter Bulacio, un pibe de 17 años que en 1991 fue detenido de manera ilegal por la policía en la puerta del Estadio Obras Sanitarias, fue trasladado a la comisaría donde lo golpearon hasta provocarle un traumatismo de cráneo lo que devino en su muerte.

Afortunadamente, en 2026, desde Avellaneda escucharon el pedido de los cuerpos que exigían un abrazo colectivo para una despedida digna y en paz y pusieron a disposición lo que se requería.


3) En el libro “Estallido Redondo historia ricotera del 2001”, publicado por Perros sin folleto, dicen sobre los recitales: “Del recital nos traemos verdaderos problemas: ¿qué es experimentar libertad y cuidarse?, ¿cómo se despliegan políticas, técnicas y formas de cuidado inmanentes a la situación, hechas por nosotros?, ¿cómo pueden encontrarse decenas de miles de personas copando un lugar, una ciudad, conviviendo sin mando?; ¿cómo estar juntos hoy, armar bandas y juntarse con otras bandas?; ¿qué es la autogestión de un espacio-tiempo propio?”. 

La reflexión es válida para esta despedida que sucedió entre ofrendas y lágrimas. Bajo la lluvia. 


4) En un tiempo tibio, el Indio no solo levantó banderas sino que nos invitó a ser pájaros de la noche cuyo canto se oiga en la noche oscura. Lo cantó en la despedida de Micaela. Izó banderas por los 30.000 desaparecidos, en contra de la modificación de la Ley de Glaciares y en contra de la baja a la edad de imputabilidad. Estas acciones no pueden separarse de su arte porque él se expresaba con su arte y sobre el escenario. Solo decir Oktubre es hablar de revolución. 

En ocasiones, desde el escenario, en medio del show, decía: “El estado no puede ser penal antes que social”. Y luego aparecía en nuestras cabezas, como una ilusión susurrante, su voz que interpela: fijate de qué lado de la mecha te encontrás.


5) Las paredes y las redes se llenaron de arte. Lo homenajearon desde Wos, Lali, Milo J y Marilina Bertoldi hasta un grupo de pibas que hizo una canción con elementos reciclados. 

Qué potenciador. 

Un ser que no solo hace arte sino que mueve a que el arte se reproduzca e incita a hacer la revolución con una canción de amor.



Y todas estas palabras, ¿para qué? 

Para recordar que este asunto está ahora y para siempre en nuestras manos



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Escrito: Mei Kisz

Edición: Noe Gómez

 
 
 

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