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“Esta obra pretende emular algo del teatro de Brecht”

  • Foto del escritor: glossacultura
    glossacultura
  • 27 may
  • 4 min de lectura

El espacio escénico aparece delimitado por líneas. Cada persona que asiste a la obra puede ver, así, un adentro y un afuera de escena. Hay personajes que entran y salen. Todo es una gran convención, un sistema que funciona porque cada engranaje cumple con lo que se espera que haga. A veces, los engranajes son invisibles, se naturaliza el lugar que ocupan, el quehacer se vuelve mecánico. Otras veces, aparecen obras como “Los engranajes” que invitan a pensar, junto a Bertolt Brecht, que la historia y la realidad es así pero podría ser diferente.

Porque “Los engranajes”, que se puede ver los domingos a las 18h, en el Teatro Border, es una exposición de la sociedad actual y una producción que visibiliza la problemática que plantea la supremacía de los proyectos individuales por sobre los colectivos, tornándose en una mirada crítica sobre las relaciones de trabajo en la sociedad actual. 

La obra, escrita por Nathán Cusnir, es descrita por quienes la hicieron como una hipérbole maldita donde con humor e ironía se visibiliza la parte oscura y absurda de muchos aspectos de la condición humana. “La obra es política. Tiene un planteo directo sobre cómo se ejerce el poder en el marco de una empresa y se dejan entrever otras aristas”, dice Pablo Cominassi, actor de “Los engranajes”.  


Mei: Hay una decisión fuerte que es la de trabajar sin objetos. Salvo el arma, que sí aparece. El resto está aunque no esté. ¿Cómo es el trabajo desde la actuación para que quienes estemos mirando creamos que tienen un celular aunque no lo tengan? 


Pablo: Al principio fue una propuesta de Nathan Cusnir. A partir de eso probamos diversas cosas. Cuando tenés el objeto, el objeto te determina. Y cuando no lo tenés, el trabajo que debimos hacer fue pensar cómo lo agarro, cómo hablo, cómo firmo el contrato sin verlo. Pero el revólver tenía tal entidad en el marco de la obra que no podíamos jugar con un no-objeto. 


M: Y así como los objetos eran una convención, el tiempo también parecía serlo. Había un personaje que marcaba el tiempo, las horas, los días. 


P: Esta obra pretende emular algo del teatro de Brecht. Entonces ese personaje que va contando las horas tiene una raigambre en esas propuestas. Un personaje que está por fuera y cuenta la temporalidad. Sin embargo, en este caso, después entra a la escena. Entonces juega con el tiempo y con el adentro y el afuera. 


M: Y en medio de la función aparece Diógenes, que anda buscando un hombre honesto y parece que no lo encontró aún. 


P: Ese personaje tiene una entidad que tracciona. Posee una sabiduría que se pone de manifiesto en sus dichos. Por eso mi compañera, Ana, quiere transformarlo en algo que dé rédito, intenta convencerlo de que siga las reglas del mercado. Ese es, después de todo, el objetivo del sistema en el que vivimos. Hay ideas, pero también hay personas funcionales al sistema que imponen normas y modos. Y Diógenes se niega. 


M: Se niega y escribe una obra de teatro. Es decir, el personaje que es impulsado por una búsqueda personal, el que dice “prefiero mi locura antes que su cordura”, escribe. ¿Hay algo de ese Diógenes en la gente que hace teatro?


P: Diógenes es un alter ego que nos lleva por la vida para no caer en la desazón de la rutina. En el arte se ve mucho más, pero también lo he visto en mi profesión de abogado, como pequeño empresario. Afortunadamente. Hay en diversos espacios una búsqueda de una vida mejor, de un mundo distinto del que estamos viviendo. 


M: Esto que mencionás se muestra más crudo en la obra de Diógenes, en código circense, y con muchísimas referencias a discursos políticos argentinos. 


P: Y se vuelve totalmente directo en un código de sainete con personajes exacerbados y directos. No hay lugar a duda: lo más descarnado del sistema se expresa en el circo criollo.


M: Pero desde la ironía trabajan temas actuales, ¿cómo funciona esa relación entre teatro y contexto? 


P: Es cierto que hay cosas que toman valor en su contexto, pero de alguna manera las crisis de la democracia hacen que vuelvan ciertas referencias. Por ejemplo, en mi generación aún está la idea de que hay que ir a votar porque hubo una dictadura en la que nos lo prohibieron, mataron gente, hay desaparecidos. Ir a votar es un imperativo moral para muchos, pero la desilusión actual es tan grande que hay un achicamiento del electorado que es aprovechado por las derechas para imponer sus candidatos. Se favorecen con esa gente que dice no ser política. Pero no ser político es una tontería. Lo dijo Aristóteles en el S. V a. C. No hay hecho del hombre en sociedad que no sea político. Así que el voto calificado parecía que quedó en la historia, pero con este nuevo escenario, vuelve. 

Y, claro, Nathan escribe la obra en ese contexto. Así que el contexto fue importante, pero también nos fue sorprendiendo.    


M: Y aparece un poder invisible. El “¿para quién trabajás?”


P: El poder no se ve. Se ven los efectos que produce. Y aparece, a raíz de eso también, la idea de que nadie es indispensable. Por eso pasan cosas como que haya una fila de cinco mil personas por un puesto de trabajo. La gente necesita trabajar, pero ¿hasta qué cosa puede hacer la gente por conseguir ese trabajo? Y ahí aparece esta cuestión de que muchas veces desde la clase media miramos hacia el de arriba con deseo y a las clases subalternas con desprecio. No nos damos cuenta que estamos más cerca de las clases subalternas que de las clases altas. Es una tontera ideológica que hace que, salvo en la crisis del 2001 con el lema “piquete y cacerola la lucha es una sola”, haya una fuerte división de clases. 


M: Y, en medio de eso, hay que posicionarse.


P: Y podés ser como Ana, la mano derecha de Vandergeld. O te puede pasar como a La Rusa, que le están siempre prometiendo que su tiempo va a llegar, pero no llega. 


Texto escrito por: Mei Kisz

Edición: Noe Gómez


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Sobre la obra: 

Autoría y dirección general: Nathan Cusnir

Dirección de Actores: Liliana González

Actúan: Sofía Bertolotto, Pablo Cominassi, Liliana González, Diego Pañart, Zully Olmos y Miguel Ángel Villar


Funciones: domingos de mayo y junio a las 18 h, en el Teatro Border de Godoy Cruz 1838.

 
 
 

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