“El teatro es un espejo poético”
- glossacultura

- 4 abr
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El teatro es un arte vivo: cuando ocurre un suceso no planeado, hay que seguir. Igual que en la vida, en la que situaciones como la enfermedad o la muerte llegan de manera imprevista. Cada persona, cada familia, lo lleva como puede. “Uno acepta, continúa y toma lo que sucede. Busca la manera de sobreponerse y resolver a futuro”, dice Leandro Cóccaro, director de “La salud de los enfermos”, obra que presenta en el Teatro del Pueblo, ubicado en Lavalle 3636, el texto homónimo de Julio Cortázar a sesenta años de su primera edición. Esa misma lógica de búsqueda por continuar ante lo imprevisto atraviesa el texto.
“Cortázar juega constantemente con el límite entre ficción y realidad. En la obra, por ejemplo, la familia inventa una ficción para la madre, pero esta situación luego se invierte y no se sabe quién crea la ficción para quién”, reflexiona Leandro. Porque en “La salud de los enfermos” lo que se problematiza es el criterio de realidad. Una realidad que puede verse distorsionada a causa de vínculos amorosos de cuidado que crean historias para soportar lo indecible. Sin embargo, los interrogantes aparecen para poner en duda hasta qué punto se puede engañar a la otra persona sin caer en nuestro propio engaño. En la obra, cada personaje decide pagarlo pensando en que eso puede hacer que alguien que está sufriendo esté un poco mejor”, dice el director.
Mei: ¿Cómo se integran lo poético y el teatro en este juego entre realidad y ficción?
Leandro: Hay una frase dando vueltas que dice que el teatro es un espejo que refleja la vida. No estoy tan de acuerdo. Más bien el teatro, dice Pompeyo Audivert, es un piedrazo hacia ese espejo que, al romperse, devuelve una imagen fragmentada que altera la versión de la realidad y la convierte en otra cosa. Es un espejo poético. Un espacio en el que no te reflejás tal cual sos sino mediatizado por la ficción y multiplicado por eso que te devuelve la imagen que sos vos pero sos muchas cosas más también.
M: Y Cortázar, de alguna manera, nos refleja como sociedad
L: Todo el tiempo. Hace eso de mostrar la realidad, pero a la vez realiza un corrimiento. Utiliza procedimientos poéticos de ficción, de juego. Y te devuelve una versión multiplicada de la realidad, mediatizada por la ficción. Entonces cuando vos te ves en el espejo de Cortázar, te ves a vos pero
multiplicado.
M: Este texto trabaja con muchos interrogantes. ¿Cómo dialogan con el presente esos interrogantes pensados hace sesenta años?

L: Me parece fascinante lo humano/humanista que es el cuento de Cortázar. Porque, si bien la pregunta más relevante que aparece en el texto es hasta dónde se sostiene una mentira, en realidad todos los personajes son personas que buscan que el resto de la gente sufra menos. Y estamos en un momento muy crudo del planeta y del país. Parece que todos quieren salvarse solos y, ante eso, se vuelve necesario poner en valor cuando hay situaciones o producciones en las que las personas tratan de que el que está al lado sufra menos.
M: ¿Cómo fue el proceso de trabajar el texto original para llevarlo a escena?
L: Fue complejo. Lo primero fue conseguir los derechos del texto. Eso me llevó más de un año de gestión. No suele suceder que los herederos lo otorguen, pero si no tenía eso no podíamos hacer lo que estamos haciendo. Porque la idea era trabajar con el texto original, no intervenirlo. Primero porque soy un admirador de Cortázar. Segundo porque no quería hacer una obra sobre Cortázar sino una obra de Cortázar. Que la gente venga y escuche la obra tal cual como la escribió él me parece muy potente estética y poéticamente.
M: Esa potencia de la palabra, además, se multiplica al conjugarse con los movimientos corporales
L: Eso se da porque hay un grupo de actores, actrices y un músico que tienen mucha experiencia y son capaces de actuar lo que actúan sin que se convierta en un relato del cuento. Es decir, sin que sea solo contarle al público lo que está pasando. Así que ahí aparece la potencia. Son actores, actrices, música, luces y Cortázar que hablan de nosotros y nos hablan a nosotros.
M: Trabajar con —o darle nueva vida a— un texto ligado a la identidad del país, ¿se relaciona con la necesidad del presente, a cincuenta años del Golpe de 1976, de sembrar y sostener viva la memoria?

L: Es un momento en el que no solo es importante mantener viva la memoria sino que también hay que luchar por que no se la lleven puesta. Estamos ante la necesidad de discutir lo que ya estaba discutido. Se están poniendo en cuestión cosas que ya habíamos acordado como sociedad. Por ejemplo, la importancia de la memoria y qué significó para nuestra historia la dictadura.
M: ¿Cómo se vincula el teatro con este presente?
L: El teatro históricamente en Argentina está muy ligado a la memoria. Tenemos Teatro X la identidad, que habla justamente de todo lo que pasó en la dictadura. El teatro es un arma, una herramienta para seguir discutiendo y peleando. Es una trinchera.
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Sobre la obra:
Autor: Julio Cortázar
Actúan: Gabriel Schapiro, Cecilia Cósero, Paula Thie, Edgardo Marchiori
y Martha Sosa Quintana.
Música original en escena: Michel Gaudín
Asistencia de dirección: Guillermina Arciniega
Producción: Guillermina Arciniega
Escenografía y vestuario: Roma González
Diseño sonoro: Leandro Cóccaro – Michel Gaudín
Diseño de iluminación: Manon Minetti
Instalación: Alejandro Dramis
Dirección y puesta en escena: Leandro Cóccaro
Por: Mei Kisz




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