“El teatro es en el aquí y ahora: cuerpos, voces y respiraciones”
- glossacultura

- 28 mar
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Por: Mei Kisz

Haroldo Conti vuelve. Haroldo Conti o Marcelo Bucossi encarnando a Haroldo Conti. Actor y personaje vuelven: a Chacabuco, a Villa Crespo, a la habitación con la máquina de escribir en la que quedó el cuento A la diestra a medio producir a causa de la irrupción de los militares. A causa de la violencia. A causa del secuestro seguido de desaparición de Conti. Haroldo, Marcelo y el público vuelven a la Argentina del cinco de mayo de 1976.
Huellas de Haroldo, obra dirigida por el dramaturgo, docente y actor Alfredo Martín, pone en evidencia lo difuso del límite entre ficción y realidad. “La vida y el teatro a veces intercambian figuritas”, reflexiona el director y cuenta que el preestreno de la obra tuvo lugar en Chacabuco. Esa ciudad inspiró muchas de las ficciones creadas por Haroldo Conti y, por eso, allí cada función vuelve especialmente palpable el pasado. Basta con pronunciar un nombre para que surjan historias. Entre el público aparecen, por ejemplo, el hijo del asistente del doctor Pelice, que recuerda cómo su padre le enseñó a fabricar bombas de estruendo; o la tía Su, que en el cuento tiene veinte años pero que en el presente ya cumplió ochenta. “El teatro y la vida se confunden y se multiplican”, dice Alfredo.
La obra comienza con una narración de Perfumada noche los viernes a las veintiuna horas en el Teatro Payró, ubicado en San Martín 766. La puesta en escena integra elementos realistas junto a otros de tipo onírico y fantástico. Una vez avanzada la función, la trama se inclina hacia el relato A la diestra, mientras el texto se puebla de reflexiones sobre el tiempo y la existencia humana. En ese entramado se cruzan la ficción, sus personajes, y ciertos episodios biográficos decisivos del autor ligados a su secuestro y desaparición en 1976. A su vez, irrumpen fragmentos del testimonio de Marta Scavac —pareja del escritor y madre de uno de sus hijos— ante el Tribunal Oral Federal N.º 5 durante el juicio a los responsables de la dictadura. De esa manera, se reconstruyen los hechos ocurridos en la madrugada del secuestro de Conti. Su voz, incorporada a la escena, enlaza la memoria personal, la historia colectiva y el teatro.
Mei: ¿Cómo es ese proceso de combinar teatro, realidad y ficción?
Alfredo: Es una poetización escénica, un trabajo dramatúrgico. La poetización está muy ligada a la metaforización. Es en ese procedimiento en el que el terreno de la ficción se vuelve fecundo. Es tomar como base un texto y que se resignifique porque está dicho desde otro lugar, desde el lugar de alguien que recuerda con la intención de paliar eso. De esa manera aparece la posibilidad de que las palabras se reciclen y se amplíen en función de un hecho que fue traumático pero que con el paso del tiempo y el trabajo de elaboración poética concita otros sentimientos, otras emociones y ciertas reflexiones. Entonces, es ese proceso de combinación, de poetización, el que sirve para reflexionar, historizar y literaturizar desde un nuevo lugar.
M: ¿Cómo se trabaja eso desde lo dramatúrgico y teatral, que incluye poner el cuerpo en función de esa poetización?
A: Es la gran diferencia con la literatura. Porque en la literatura la metáfora está solamente en lo dicho o en la palabra escrita. Pero en el teatro es el trabajo de actuación: la respiración, cómo los cuerpos ocupan el espacio, y la articulación entre la palabra, el canto, el baile, la música, las luces. Se conforma una totalidad que, a través de la belleza, traslada al público a esos momentos terribles del pasado de otro tiempo. Y esas imágenes adquieren mucho presente en el cuerpo de los actores. Porque el teatro es en el aquí y ahora: cuerpos, voces y respiraciones que traen al presente algo del pasado. En este caso, vuelve ese tiempo del Chacabuco de los tapialitos amarillos.
Conti poetiza mucho el tiempo. Pasado, presente y futuro se vuelven un proceso constante. Las cosas se hacen tiempo. Su obra trata de eso: del trabajo del tiempo sobre las cosas, las personas y los vínculos.

M: ¿Cómo se relacionan memoria y teatro?
A: La memoria es una condición humana y nos permite conservar los hechos del pasado como parte de nuestra historia. Eso constituye una narración de nosotros.
Es la capacidad que tenemos para trasladar a los actos del presente nuestra historia colectiva. Y el teatro es una oportunidad. Porque esta contemporaneidad inhóspita hace que permanentemente debamos trabajar para recrear nuestra humanidad.
Nosotros nos preguntamos cómo traer el trabajo de Conti, que despliega humanidad, a este mundo individualista, en medio de las guerras, de líderes caprichosos e inhumanos. Porque lo que propone Conti y nosotros representamos no es una distopía. Al contrario. Es una obra que busca plantear qué lugar tiene la utopía en nuestra sociedad, qué lugar tienen los lazos de amor y los humanos frente a la crueldad permanente.
M: Y el teatro tiene la particularidad de posibilitar estas reflexiones en un espacio colectivo.
A: Estamos todos juntos asistiendo a un presente escénico. Es un ritual. De los hábitos que van quedando del ser humano es uno de los pocos que sostiene el estar reunidos todos alrededor del fuego. La escena, en este caso, es aquello que arde. Arde de humanidad, de estar vivo. Y después de la pandemia, y con las redes sociales, esto sucede cada vez menos.
M: Hay algo del estar ahí sintiendo que se pone en juego.
A: Estar ahí sintiendo, diciendo y viviendo es algo tan genuinamente teatral que por eso mismo podemos decir que el teatro está naciendo siempre para volver a morir en escena. Es un ciclo que trae el tiempo y la comunidad permanentemente al ritual teatral. Y nosotros, los que hacemos teatro independiente, no respondemos a la industria comercial y nos preocupamos por los espectadores. Eso se ve tanto en la disponibilidad de los actores para conversar con el público como en la elección de decir, en el teatro, algo sobre cómo nos interpela la realidad. Y eso se vuelve en una invitación al público a mirar cómo vivimos, cómo intercambiamos. En las polis había una plaza pública, en la Argentina actual tenemos el teatro independiente, un espacio simbólico que habitamos y materializamos discutiendo acerca de lo que vivimos.
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Sobre la obra:
Elenco (por orden alfabético): Marcelo Bucossi (Escritor Haroldo Conti), Ariel Haal (Artista ambulante / narrador), Pablo Mingrino (Artista ambulante/ Sr Pelice), Lara Olgiati (Artista ambulante/ Haydee Lombardi)
Músico en vivo: Agustín Giganti
Música original: Agustín Giganti y Quique Sosa
Iluminación: Gustavo Reverdito y Alfredo Martín
Vestuario: Marcelo Bucossi
Coreografía: Mirna Serra
Fotografía: Ignacio Verguilla y Gustavo Reverdito




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