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Cuerpos y objetos: la tensión decadente en los espacios de ocio en Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de Oliverio Girondo

  • Foto del escritor: Maii Kisz
    Maii Kisz
  • 15 mar
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 18 mar

Por: Mei Kisz



En los poemas “Café-concierto” y “Milonga”, del libro Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), de Oliverio Girondo, recursos como la sinécdoque y la descripción de los cuerpos, permiten rastrear una atmósfera de tensión decadente relacionada con los espacios de ocio en la vida urbana. 

En “Café-concierto” los ojos pantanosos tienen mal olor y los “dientes se pudren por el dulzor de las romanzas” (Girondo, 2020, p. 33). La vista se mezcla con el olfato y el gusto. La sinestesia se produce en la descripción de los cuerpos. Aparece una imagen grotesca, decrépita y degradada. (Schwartz, 1983, p. 162). 

La degradación sucede en un escenario, ante una mirada densa, corrosiva, calórica. La elección de estos adjetivos para describir el ambiente transmite la idea de pesadez. De un calor abrumador. En esa atmósfera, los cuerpos corroídos son espectáculo. 

Este desgaste aparece también por la utilización de la sinécdoque que muestra organismos fragmentados. Ojos. Piernas. Piel. Dientes. Dedo meñique. Senos. Pies. Son marineros y prostitutas, aparecen en el cuarto verso. Es un público entre el cual se encuentra el yo poético, que se involucra hacia el final, que explicita que está ahí y que es partícipe de una escena

en la que el cuerpo se vuelve público porque, como dice Beatriz Sarlo, Girondo lo nombra sin cl

ichés, lo desviste. Senos semidesnudos. Pezones imantados. Pubis. Axilas. Ojos aceitados. El cuerpo se puede ver, palpar, oler (Sarlo, 1988, p. 743). 

En “Milonga” Girondo genera nuevamente una atmósfera corrosiva. En este caso, además, utiliza la personificación. Y adjetiva. Crea imágenes extravagantes. Ridículas. 

Botellas de champagne decapitadas con corbatas de payaso. Un bandoneón que canta, contradice, y parece un gusano baboso. Algo se degrada (Schwartz, 1983, p. 163) y hacia el final del poema se rompe. Los machos se quiebran. El espejo parte la realidad. Las espaldas estallan a trompadas “como una rueda de cohetes de bengala” (Girondo, 2020, p. 43). La tensión cede. Llega la mañana, también personificada.

Por todo esto, a partir de los poemas “Café-concierto” y “Milonga” es posible pensar en los cuerpos tanto vivos como inertes. Ambos presentan descripciones similares y relacionadas con lo que se degrada. 

Para lo vivo, sinécdoque. Para lo inerte, personificación y ruptura. O desaparición. Las notas del pistón. El espejo. Las botellas. Los cuerpos se entremezclan y los sentidos se cruzan por la sinestesia. Girondo genera imágenes poéticas que intensifican la percepción. Su búsqueda remite a la propuesta artística de Shklovski, transmite la sensación de ver la cosa por primera vez (Shklovski, 1917, p. 119). Muestra de una forma que rompe con lo solemne. Propone no reconocer sino conocer espacios de ocio que se transforman en experiencias frágiles y grotescas. Ambientes que son parte de lo que Molina define como un universo girondiano, un cosmos que siempre está al borde de la catástrofe, cargado de intensa energía. Allí se manifiesta el tremendismo. “Las sensaciones se producen como un estallido” (Molina, 2020, p. 13). La decadencia, lo fragmentario y lo grotesco se combinan. La palabra transmite el momento previo al estallido. La ruptura a veces irrumpe en el poema, otras veces interpela de forma directa a quien lee. 


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