“La complicidad con el público es necesaria”
- glossacultura

- 20 may
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Hay una intimidad valiente en la palabra dicha mientras se mira a los ojos. Una forma de presencia que no puede replicarse en ningún otro espacio. Así, los textos de autores clásicos como Shakespeare, Lorca, Calderón de la Barca, Cervantes, Machado, Hernández y Quevedo, interpretados por Hernan Schifano, con la dirección de Mario Moscoso, se potencian al ser enunciados con una energía voraz que corta el aire como una flecha que se convierte en flores cada vez que toca un cuerpo.
No hay respuestas sino interrogantes compartidos, cuestiones humanas que atraviesan el tiempo gracias a la costumbre antiquísima del teatro de juntarnos a escuchar historias. Porque en producciones como Trópico de vidrios no hay distancia posible entre quien actúa y quien escucha: el poema sucede en el presente y ocupa todo el espacio. Una posibilidad que se potencia por la propuesta íntima del Excéntrico de la 18º, ubicado en Lerma 420.
Así, cada respiración, cada pausa, cada nota producida por Elsa Cecilia Gonzalez Bolia y cada temblor de la voz adquieren una dimensión distinta. Porque en Trópico de Vidrios la palabra es materia viva. Y la enunciación es la prueba de que los versos de autores que habitaron alguna vez el mundo aún hablan sobre el deseo, la pérdida, el miedo y la belleza. Y Schifano los encarna desde un lugar de exposición absoluta, como si cada texto estuviera siendo enunciado por primera vez. “Porque Trópico de vidrios es sacar afuera lo que a uno le quema por dentro”, dice Hernán Schifano.
Mei: Hay algo muy maravilloso en estos textos. Fueron escritos hace tanto tiempo y nos siguen interpelando
Hernán: Siguen vigentes. Ponen de manifiesto interrogantes que perfectamente pueden traerse al presente. Y lo que uno busca generar en el espectador es que sientan empatía con estos interrogantes, que se identifiquen. Es lo que me pasa también como actor.
M: Una, como espectadora, sale de la función atravesada por todos estos temas e interrogantes. ¿A vos, como actor, te atraviesan también?
H: De hecho yo me conecto con los textos desde la identificación. Y, en función, desde el principio hasta el final me dejo impregnar por los textos, lo pongo en el cuerpo. Y es complejo porque en escena uno se termina desarmando. Desnudándose —metafóricamente— y entregándose. Más en una propuesta como esta que es a público en la que literalmente uno genera una conexión con los espectadores. A mí me gusta mucho generar en el otro interrogantes, emociones, dudas, alegrías o tristezas. En el penúltimo poema, el de Lorca, “Escrito hacia Roma”, uno, como actor, se quiebra entero y quiere buscar esa complicidad con el público. Porque todos queremos el pan nuestro de cada día, queremos que se cumpla la voluntad de la tierra que da sus frutos para todos.
M: ¿Y qué pasa después de la función?
H: Es difícil no quedarse pensando o seguirse preguntando. Porque hay cosas que, si las pensamos, nos pasaron a todos. Romeo y Julieta, por ejemplo, que hoy en día, llevado a esta actualidad, uno podría pensar que está muy alejado. Pero no se nos escapa de la realidad que muchas veces idealizamos, muchas veces nos quedamos cegados y seguimos a fondo por el amor que sentimos o creemos sentir. Y esto nos lleva a preguntarnos, ¿está tan equivocado Romeo? Y yo trato de que mi interpretación transmita esos miedos y riesgos que corre Romeo por ese amor, que siglos atrás era más común porque estaba esta cuestión utópica del amor. Pero uno se pregunta: en el día a día, ¿cuántas veces uno sigue luchando, equivocadamente insistiendo, idealizando?

M: La obra genera reflexiones, pensamientos, sentimientos.
H: Y eso es importante. Porque genera una gran empatía con el otro. Cuando uno transmite algo que uno siente, cree o quiere exponer, el objetivo es no solo que las personas disfruten sino que les lleguen las emociones.
Lo más lindo del teatro es cuando el público es parte. No solamente es público porque paga una entrada, se sienta en una butaca y disfruta sino que es una parte de la obra. Porque si bien a nivel actoral es un unipersonal con música en vivo, el público es importantísimo. Si bien estoy solo en la escena, no estoy solo en el lugar. La complicidad con el público es necesaria para nuestra propuesta.
M: Solo en la escena, pero con tus sombras. Una idea que se complementa con la imagen que usan para difundir la obra: vidrios rotos y en cada fragmento una personalidad diferente.
H: Es el mismo actor y el mismo personaje, pero con diferentes partes. Y esas sombras, que enriquecen desde lo escénico, potencian el mensaje, la búsqueda por exteriorizar lo que está adentro. Porque mientras uno dice el texto, la palabra, y el cuerpo, no solo es el mensaje que se transmite sino que es, también, toda la carga emocional, todo el subtexto. En el grito hacia Roma, por ejemplo, hay mucho de pedido, de queja, de reproche hacia las sociedades de ese momento, y la actual. Así que las sombras, más que acompañar escénicamente, dicen mucho sobre todo lo que hay detrás, todo con lo que uno viene, las mochilas que carga. Y en este caso, el actor también las carga y las traslada.
M: Ustedes hablan de “El teatro como ´espejo del tiempo´, pero un espejo que nos permite penetrar en lo más profundo de las pasiones humanas, ¿por qué son importantes los espacios que, desde el arte, se metan en profundidad con todos estos temas tan humanos?

H: El teatro, como todas las artes, es de las cosas más importantes de las personas. El poder expresarnos de manera creativa es una de las formas más lindas y sanas de comunicarnos. No solo a través de la palabra sino también a través del cuerpo. El reflejo de las emociones y mensajes que uno transmite le llega a las personas. Por eso es tan importante seguir contando con espacios en los que uno pueda mostrarlo y que el otro sienta que está, aunque esté sentado en una butaca y no actúe.
Además, a través del arte se logran transmitir mensajes más potentes que en una charla en un café. Claro que en las charlas de café también se comparten ideas. Pero una canción, una pintura, una película, una interpretación teatral, tienen más llegada. Y es importante que la sociedad entienda y reconozca la importancia del arte. Es necesario que se valore. Porque si perdemos ese espejo que nos permite comunicar y expresar lo que sentimos, estamos perdidos.
M: No quiero dejar de mencionar el trabajo de la música que también acompaña, complementa y genera ambientes.
H: La música la hace Elsa Cecilia González Bolia, que toca piano y violín y no solo le da una riqueza visual, sino que también acompaña las situaciones, permite que cada persona entre más en profundidad en los textos. Potencia los mensajes. Y la combinación entre música y teatro embellece el espectáculo.
M: Y también la puesta en escena, con pocos elementos, permite que la atención esté puesta en el contenido de la obra, en el mensaje.
H: Es una puesta despojada para que el peso esté en la actuación, el cuerpo, la palabra y la música. Solo están los elementos que hacen a la obra. No hay decorado. Y eso potencia el mensaje. Lo mismo con el espacio, el Excéntrico de la 18, hermoso teatro de Cristina Banegas, nos permite jugar con la proximidad y la intimidad. Por eso lo elegimos, además de por lo que representa dentro del arte y la cultura.
Texto escrito por: Mei Kisz
Edición: Noe Gómez
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Sobre la obra: Protagonizada por Hernán Schifano con dirección de Mario Moscoso y música en vivo de Elsa Cecilia González Bolia.
Funciones: Sábado, 18 horas, en El Excéntrico de la 18° (Lerma 420)




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