“El arte es una manera muy hermosa de observarnos y pensarnos”
- glossacultura

- hace 3 días
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Cada una de las mesas del bodegón “El Deleite” contiene una historia. Así, "La última escena" es una obra que transita entre lo individual de cada situación y lo colectivo que se genera al compartir una cenashow durante la Nochebuena.
Lo familiar, las despedidas, los silencios, la incomodidad y los intentos por sostener aquello que ya parece perdido son algunos de los tópicos sobre los cuales invita a reflexionar cada una de las diversas líneas narrativas que atraviesan este local que es el escenario de las acciones durante toda la función.
La obra, que puede verse los domingos a las 17 horas en La Carpintería, teatro ubicado en Jean Jaures 858, es dirigida por Damián Travaglia y Agustina Aguirre Aulestiarte. “Ser dos en la dirección permite que haya miradas complementarias”, cuenta Damián y explica que, además, al tener diez personajes en escena, objetos y escenografía, distribuir la mirada es importante. “Agus va a lo global de la escena, a las voces, y yo voy al detalle, a qué transitaba el personaje cuando dijo determinada línea”, explica el director.
Así, el equipo logra una obra en la que, con un lenguaje cotidiano y humorístico, profundiza en temas como el amor, la muerte y los vínculos mientras la familia dueña del local de comidas lucha por sostener el restaurante abierto, aunque desde hace tiempo que en lo económico solo genera pérdidas.
Mei: ¿Por qué decidiste trabajar desde el humor?
Damián: El humor es mi mirada del mundo. No lo puedo evitar. Cuando empecé a escribir esta obra pensé que tendría menos condimento humorístico que la primera que escribí, pero finalmente no. Así que tiene que ver con mi manera de transitar el mundo que aparece de esa manera en el momento de escribir y en las obras. Lo hago naturalmente, en realidad. Y después reconozco lo que sucedió. Ahí aparece el trabajo y las decisiones sobre qué hacer con eso.
M: ¿Empezaste a escribir la obra tras ir a un restaurante de cena show?
D: Un poco antes de la pandemia fui a comer a un restaurante que tenía una distribución poco convencional de las mesas. Yo quedé sentado en un sillón desde el que miraba panorámicamente las mesas del local. Es raro, porque en general si estás en una mesa sos parte del conjunto de mesas. En este lugar en el que estaba, no. Entonces pude registrar, como comensal, lo cerca y lo lejos que estaba de las otras personas. Ahí empecé a imaginar.
Además mi familia tiene un restaurante y yo trabajé en las fiestas, así que hay algo muy propio en ese espacio.

M: Pensaba en cómo puede funcionar lo cotidiano como impulso para la creación. Hay material por todas partes.
D: Y es importante estar en contacto con lo que a cada uno le genera ese deseo de juego, que primero puede ser tensional, aquello que llama la atención, pero que también convoca. Porque para escribir una obra tiene que haber una atracción hacia un mundo sobre el cual se busca trabajar. Acá pasó eso: hice un dibujo del restaurante y empecé a escribir. Y cuando empiezo a escribir a mí me dan ganas de seguir jugando con eso.
M: Y durante la obra había un juego con el calor. Subía y eso generaba una sensación de agobio cada vez más fuerte.
D: Un calor que ya uno no sabe si es el calor de la cocina, del verano. Y el calor se mezcla con esta cuestión absurda de la navidad que acá es verano y ponemos el arbolito con nieve, comemos cosas re pesadas. Hay algo que en un punto es incómodo de este ritual. Un ritual que es hermoso, a mí me encantan las fiestas, pero hay algo interesante para jugar porque en un punto tiene estas contradicciones.
M: Y otra cuestión que aparece en esta obra es la importancia de repensar los rituales y los mandatos, los “deber hacer”. Por ejemplo, está la hija que no quiere estar en el local ni con su familia porque quiere pasar la fiesta con la familia de su novia.
D: Cora, la hija, propone romper con esa tradición familiar. Ella se hace la pregunta y decide. Pero cuando una hace un movimiento siempre hay reacciones: reclamos, cuestionamientos e intentos de que las cosas se conserven tal como eran. Y la mamá hace un poco de trampa ahí para que su hija no se vaya ese día, porque le dice a la camarera que no vaya. Y en un punto, ¿quería ahorrarse unos pesos, como dice, o quería estar en Navidad con su hija y su hijo, como fue toda la vida?
M: Mientras sucede esto, los comensales siguen en escena. Digo, hay muchas situaciones simultáneas, mucho juego con el volumen del sonido, de las acciones.
D: Para escribir esta obra trabajé con el dramaturgo Patricio Ruiz, y fue un trabajo muy largo el de encontrar la manera y las lógicas para que las situaciones pasen de mesa en mesa. Y jugamos con la idea de orquesta, todo suena pero hay cosas que por momentos tienen más protagonismo. O como un árbol de navidad en el que se van prendiendo las diferentes lucecitas. Y el trabajo fue que había que encontrar la manera en la que todo pasaba en simultáneo y debía estar vivo de principio a fin.
M: Un momento que llama mucho la atención es la entrada a mitad de la obra de Verónica de la Cruz, una actriz.
D: Que entre un personaje con tanta presencia en la mitad de la obra es toda una decisión. Y Verónica es una tipa que está completamente invisibilizada en medio de un montón de gente.

M: Y una actriz que todas las personas creen conocer pero en realidad es otra cosa.
D: Y no la pasa bien, entonces abre un montón de interrogantes: ¿qué pasa con la soledad y la locura?, ¿qué pasa con la salud mental?, ¿cómo podemos mirar al costado y ver qué le pasa a la otra persona para darle una mano?
M: Pienso inmediatamente en esto que pasa hoy en día de Instagram. Creemos conocer a la gente, estar en sociedad, pero la realidad es otra cosa.
D: Yo esta obra la escribí durante la pandemia. Estábamos todos en casa, muchos estábamos solos, pensando en cuándo veríamos a nuestros amigos. Pero se hacían las nueve de la noche, la gente salía a aplaudir, y de golpe éramos un montón. Entonces está esa cuestión de que en las ciudades uno está acá, y el otro allá, pero en realidad todo es una convención. Es la distancia entre estar solo y estar en comunidad. A uno le pasan cosas, y muy cerca hay otras personas con otros pesares. Y son cosas humanas que en definitiva nos reúnen. Y en un restaurante uno está muy cerca de la mesa de al lado, pero hay una convención en la que decimos, bueno, no escucharemos lo que se habla al lado. Hasta que pasa algo, que puede ser un vaso que se cae, y las individualidades se vuelven un colectivo.
M: Nombrar un vaso, quiero traer a la entrevista a los objetos. Porque había mucho trabajo con eso. Y todo real. Nunca era “como si le diera un paquete de sal” sino que realmente le daba un paquete de sal.
D: Es un quilombo hermoso trabajar con tantos objetos. Cada objeto tiene una razón de ser, una historia. Y son herramientas que permiten que uno pueda meterse en la escena. Que haya un abrelatas y una lata para abrir es clave para una escena en la que alguien abre una lata. O el equipo de música, tenía que ser real y manejado por el actor, no desde la cabina. Porque ese objeto ahí ya está diciendo algo. Y la comida es una realización escenográfica que hicieron “Ana y Dalia realizaciones” a la que le agregamos comida real. Cocinamos ravioles y papas noisette para cada función. Entonces quienes actúan están realmente comiendo.
M: ¿Qué hay de interesante en trabajar temas como la familia, los rituales, el amor, desde y en teatro?
D: El arte en general es una manera muy hermosa de observarnos, pensarnos y registrar algunas cosas que transitamos en este mundo. Y el teatro en particular me emociona. Es indispensable. Y es muy loco, como la navidad. Porque, ¿de qué se trata todo esto? Digo, si bajan cinco extraterrestres y les tenemos que explicar, ¿qué les decimos? Hay personas que se ponen allá, otras que se ponen acá, esa va a hacer algo, la que se pone acá simplemente va a sentir cosas. Es una locura. Y dentro de eso, en este momento en el que estamos tan atravesados por las pantallas, tener a alguien tan cerquita cobra cada vez más valor.
M: Y no solo cerca de la persona que actúa sino también entre el público mismo se genera un conjunto.
D: Y quienes hacemos la obra nos damos cuenta que hay algo de cada público que se arma. Porque la gente no se junta antes y dice: hoy no nos vamos a reír de tal chiste, hoy vamos a aplaudir tal cosa. Sucede. Y sucede en el aquí y ahora.
Texto escrito por: Mei Kisz
Edición: Noe Gómez
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Sobre la obra:
Dramaturgia: Damián Travaglia.
Dirección: Agustina Aguirre Aulestiarte y Damián Travaglia. Elenco: Claudio Barbieri (Julio), Rocío Agrasar (Camila), Lidia Di Vincenti (Helena), Gabriela Cuca Tedesco (Cora), Rocío Monserrat (Ayelén), Abril Urrutia (Verónica), Cristina Parpaglione (Liliana), Pablo Santiago Reyes (Manuel), Abril Mata (Lucía), Sanchu Albert (Julián). Dirección: Agustina Aguirre Aulestiarte y Damián Travaglia.
Fotografía: María Inés Ghiglione. Funciones: Domingo, 17 horas, en el Teatro La Carpintería (Jean Jeaures 858)




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