La suerte de la fea: apropiarse del discurso ajeno para reafirmar la identidad
- glossacultura

- 1 ago
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Digo “la fea” y necesito hacer una aclaración. Porque los adjetivos que describen a una persona pueden ser puestos por la misma persona que habita el cuerpo o pueden ser otras personas las que señalan a alguien y le imponen cierta característica. Es decir, una persona puede asumirse fea o puede escuchar de forma constante que es fea. Ambas cosas se relacionan de forma estrecha. Pero en esta obra es la mirada ajena la que condiciona.

Así, “La suerte de la fea" es una revancha escénica. La protagonista se apropia del qué dirán y narra su punto de vista sobre esta historia que transcurre a comienzos del siglo XX en bares de Buenos Aires. Allí el público, mayormente masculino, bebía en los reservados escuchando y mirando orquestas de señoritas. En los escenarios: lo que se veía eran mujeres jóvenes y atractivas con ropas sensuales. En muchas ocasiones, estas mujeres no tenían talento musical. Por lo que solo hacían la mímica de tocar un instrumento. Ellas eran la parte visible. La ejecución real provenía de las intérpretes, músicas con talento y solvencia que eran consideradas por quienes las contrataban como mujeres sin atributos de belleza. Por eso las hacían tocar escondidas tras los telones o en el foso.

Si bien después de leer el párrafo anterior puede parecer que todo sobre la obra está dicho, hay algo que no se puede transmitir en la escritura: la comprometida actuación de Luciana Dulitzky. Ella, que presta su cuerpo y energía a esta fea que narra los hechos de su vida, sostiene la obra de principio a fin sola sobre el escenario generando climas y transmitiendo emociones a través de tonos de voz de voz de lo más variados y de una gestualidad comprometida con los sentires del personaje.
La obra, escrita por Mauricio Kartun hace diez años, dirigida por Paula Ransenberg y musicalizada en vivo por Fede Berthet, celebra una nueva temporada en Timbre 4, México 3554, los jueves a las 20:30 h.
Texto escrito por: Mei Kisz
Edición: Noe Gómez
Foto: Gentileza de prensa




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