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“La poesía es una ventana abierta al conocimiento de una misma”

Foto del escritor: glossacultura
glossacultura
2 sept
4 min de lectura

Actualizado: hace 3 días


“38 bits y un revólver” es una antología que reúne por primera vez tres libros de la Licenciada en Ciencias de la Comunicación, periodista y escritora Sofía Gómez Pisa. Este libro, que presenta una voz narrativa que pelea con el paso del tiempo y emprende una relación compleja con la modernidad, podrá conseguirse en España gracias a la editorial Liliputienses.

“Cuando sos escritora te pueden pasar tres cosas —dice Sofía Gómez Pisa—: Pagar para publicar, encontrar una editorial en la que no tengas que pagar la publicación, y que alguien te pague por escribir”. La autora cuenta que ya pasó por todas estas etapas y que esta nueva instancia en la que una editorial se interesó por su trabajo y le ofreció publicar una antología es un avance en su carrera. “Lo siento como una palmadita en la espalda. Alguien que me dice, bueno, algo hiciste bien porque nosotros nos fijamos en tu trabajo y nos gustó”, cuenta la autora.


Mei: Este libro, “38 Bits y Un Revólver", reúne tres libros tuyos. ¿Los habías pensado desde un principio como si fueran un conjunto o sucedió después?


Sofía: Cada libro salió sin saber que yo iba a sacar otro libro posterior. Cuesta mucho la publicación de un libro en Argentina. Más si sos mujer, más si tenés una mirada feminista, más si sos poeta, que es un género que no vende tanto. Así que los libros fueron saliendo y nunca lo pensé de manera integral. Fue una propuesta que me hicieron desde la editorial Liliputienses.


M: Aún así, una los lee y se arma una totalidad, ¿qué dirías que es aquello que los une?


S: Hay algo con el paso del tiempo y con el uso de las redes sociales, de la virtualidad. La voz narrativa del primero de los tres libros es más adolescente, la del segundo un poco más adulta, y en el tercero ya es una adulta que dice, bueno, hasta acá llegué, nadie es una promesa a mi edad. Así que hay algo de irse peleando con el paso del tiempo y de buscar las aristas de cómo una persona se va vinculando de modo virtual con otras, y también aparece la pregunta de cómo miramos el mundo en las distintas etapas de la vida.


El facho


El crudo invierno

y el desempleo.

Y del otro lado de la puerta:

todas las novias que no fui,

todos los padres que no tuve.

Las cosas que no sé

cómo voy a pagar el mes que viene.

El facho por lo menos me invitaba a cenar.


M: ¿Cómo conviven las redes y los canales digitales con la poesía?


S: Hay mucha poesía volcada a las redes sociales. Es un canal más que luego se puede convertir en un libro. Y está bien que así sea, lo importante es que no sea el único medio. Y también es necesario que haya trabajo, sobre todo si se pretende armar un libro. 

A veces hay poemas que se comparten sin terminar. Entonces ahí la poesía pierde calidad al verse canalizada por las redes sociales que imprimen una velocidad que la poesía no tiene. Porque la poesía es un género que se trabaja de a muy poco, desramificando la obra, llevándola a talleres, hablándola con profesores, inclusive mostrándosela a pares. 


Domingo


Sueño con mi abuela,

me sienta en la mesa,

me pide que baje los codos

y me recuerda: todas las veces

que me equivoqué.

Le da vergüenza, lo sé

porque se toca la frente.

Pero después me seduce

con una mirada de madre.

Porque sabe que equivocarse:

también es tradición familiar.


M: Escribís casi todos los poemas desde una primera persona. ¿Qué tanto de vos hay en ese yo poético?


S: Espero que muy poco. Siempre trato de desprenderme. De hecho, mi último libro, que no está publicado, se llama “El libro de amor y drones” y en vez de haber una voz narrativa humana son drones hablando entre sí. O sea que yo creo que cada vez me desprendo más del yo, pero ese también es un trabajo que se hace con los años. Mi primer libro es muy yoico, después el segundo también, en el tercero más o menos. Y, bueno, ahora ya me quiero desprender completamente del yo. 


M: ¿Sentís que hay relación entre este trabajo de alejarte del yo poético en la escritura y la vida más allá de la escritura?


S: Después de la escritura una puede caminar más ligero porque se conoce más. La poesía es una ventana abierta al conocimiento de una misma. Y cuando una va escribiendo, se va desprendiendo de cierta parte que era propia del inconsciente. Sobre todo en la poesía. Y eso va aligerando cargas. 


M: Hablamos de la escritura desde una primera persona pero en tus escritos también aparece la segunda persona. Y muchas veces aparecen nombres como María, Carmen, Nadia, Araceli. ¿Qué potencia encontrás en ese recurso de usar el nombre propio?


S: Yo laburaba de camarera y veía muchas personas en el bar. Las observaba y trataba de sacarles la máscara social. Quería saber cuál era la tragedia, cuál era el motivo de que estén ahí realmente tan solas. Por qué hay tanta soledad en el mundo. Y cuando les iba a cobrar me enteraba de los nombres. 


M: Son nombres propios de mujeres, ¿fue una elección?


S: Sí, pero no sé si fue consciente. Fueron justo mujeres y yo traté de pintar su femineidad. 


M: Este libro puede ser leído como los diarios de una espía o de una femme fatal. ¿Vos te sentís más espía o más femme fatal? 


S: El primer libro es muy femme fatal. Hay un poema, incluso, en el que hay una mina que se la cree y va por ahí lastimando a hombres. Por eso lo de la femme fatal. Y lo de la espía es porque hay algo de mirar al otro constantemente, observarlo, conocer, que hace a nuestra tarea. Por eso todos los escritores, las escritoras, somos un poco espías. 



Texto escrito por: Mei Kisz Edición: Noe Gómez

Agradecemos el aporte de Nato

Foto: Gentileza de prensa



 
 
 

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